martes, 18 de mayo de 2010

SOLOMILLO DE CERDO A LA SAL

Parafraseando uno de los libros que todos (o casi todos) hemos leído bien por obligación, bien por devoción (mi caso no lo voy a contar...) y trasteando un poco ese inicio que todos sabemos recitar de memoria:

"Desde un lugar de la Mancha desde cuyo lugar, -en este caso, sí quiero acordarme..." el Maese Brigato Mayor de la Estepa Alcarreña (el Manu joder, ¡no os hagáis pajas mentales!) me diese a conocer otro manjar con el cual intentar una nueva hazaña, ¡¡no quemar el horno y no pasar hambre!!.

Como el título de esta entrada dicta, os presento una receta muy parecida, por no decir igual a la "Dorada a la sal". ¿Qué cambia? ¡¡¡El ingrediente principal!!! (o una palabra, o un concepto, o dos ideas distintas ¿carne o pescado? O como muchos decíamos de pequeñajos la chichaaaaa!!!!)



La historia de esta receta surge una tarde, semanas atrás, después de comentarle a Manu mi idea de crear un blog. Fue él quien me animó a probar esta receta y otras tantas. La verdad es que lo pospuse bastante, hasta que mira tu por donde, la semana pasada, mientras hacía la compra oí en el Mercadona (ese pequeño santuario donde hago la compra semanalmente...) por megafonía que tenían solomillos... y dije, ¡coño esta es la mía!. Además, mientras paseaba por las estanterías del supermercado, dí con un pequeño tesoro (lo siento pero la sal en otra época muy muy pasada era tan valiosa o más que el oro, y sino que se lo digan a los de Sodoma y Gomera -como decían en "Los Serrano" que se convirtieron en estatuas de sal jaja), y lo que son las cosas, tenían sal marina para hornear, algo que la otra vez que fui a comprar no había visto (no me había fijado vamos). Lo más gracioso de todo, es que si la véis podréis ver que en un costado te da dos recetas: pescado a la sal y solomillo de cerdo a la sal.

La verdad es que en esta segunda lectura, intentando completar y corregir errores (que los habrá, lo siento soy vulgar y humano, y aunque intento evitarlo, mis malas costumbres y haber vivido tantos años en la Costa Marrón dieron sus frutos) me acordé de la anécdota a la hora de comprar el solomillo. Le pregunté a la carnicera que me diera un solomillo de cerdo para hacer a la sal, y la tía me miró como si estuviera loco, y me suelta que eso solo es para el pescado, que cómo iba a meter un solomillo en sal en el horno, que sabría a rayos, y bla bla bla... total que porque me lo comí de la tacada sino se lo llevo... Manda carallo!!!

La verdad es que los pasos son iguales, salvo por una excepción: cuando hice la dorada con sal gorda normal la tuve que mojar para poderla compactar mejor, y con esta sal no me hizo falta, porque viene como húmeda.
Total que me dispuse a sacar de nuevo esa bandeja que viene en mi horno y que como os conté en la anterior ocasión es "contorsionista" -doy fe (y van dos veces, espero que un día no se solapen las esquinas, a ver quién es el majo que luego saca el asado...), y extendí la famosa camita de sal sobre la superficie de la amiga contorsionista en la que reposará nuestro suculento manjar.

Una vez extendida bien la sal, situamos el solomillo, bien centradito.

A continuación, con bastante cuidado cubrimos el solomillo con sal, creando una capa uniforme de aproximadamente un dedo de grosor (veréis que es aproximadamente un kilo y medio largo de sal lo que hace falta, la bolsa que compré de sal marina es de 2kg.).

Y más o menos os puede quedar una cosa así (está dentro aunque no lo parezca jeje). En esta ocasión precalenté un poco el horno mientras iba tapando el solomillo con la sal -además tenía la Sexta viendo a Fernandito Alonso haciendo la remontada del siglo, y no paraba de ir de la cocina al salón jaja.


Como con la dorada, puse el fuego tanto por debajo como el grill del horno y en esta ocasión lo puse a 180ºC y un poco más de tiempo, para evitar que pudiera quedar demasiado crudo.
El tiempo más o menos depende de la temperatura, obviamente, a mayor temperatura menor tiempo. Una vez se os agriete la sal podréis sacar la bandeja del horno. En esta ocasión lo pinché con un tenedor para comprobar que estuviera listo. Por cierto, Manu "COMO HUELE"... Es el típico plato que con solo olerlo despierta muchas sensaciones...

Como el otro día estaba en plan sibarita, me hice unas patatitas al horno, para acompañar el plato, que no creo que tengan mucho misterio: pelar, cortar estilo panadero, un poco de sal y chorrito de aceite de oliva, y todo para el horno.

Este plato no plantea ninguna dificultad, si bien es verdad que debéis de tener cuidado al sacar el solomillo de la sal. Limpiarlo bien para que no os quede la sal pegada y resulte demasiado salado. Y aunque no os lo creáis hasta que lo hagáis, NO ESTÁ SALADO.

Una vez lo hayáis sacado del caparazón de sal, y dejado bien limpito, está listo para servir y emplatar como más gustéis. Yo le puse las patatas que preparé en el horno. Espero que os guste y lo probéis, no se tardan más de 20 minutos en prepararlo y servirlo.
Una cosilla: una vez lo vayáis cortando podréis comprobar como suelta juguillo, como obviamente no me lo comí entero de una "tacada" las patatas fueron absorviendo el juguillo... y por la noche cuando me comí el resto... puffff... eso no tiene nombre... buenísimo...


viernes, 30 de abril de 2010

DORADA A LA SAL (NO AL SOL JAJA)

Desde que creé el blog, tengo una idea bastante clara y que creo que debéis de entender: el que no cocina es porque no quiere, todas las recetas que estoy practicando no requieren más de 15-20 minutos de preparación (y menos de 5 en devorarlas jaja), y son tan fáciles, que hasta que no os pongáis a hacerlo ni os imaginaréis. Creo que ya es hora de perderle ese miedo infundado a meterse en la cocina a algo que no sea rebuscar en la nevera para picotear (deporte sin duda prioritario en este país después del fútbol y el zapping o el tumbing).


En fin, que os presento una receta de las fáciles y que creo sinceramente que debéis de probar, una dorada a la sal. Lo primero y más importante es que esta receta se puede probar con otros pescados o incluso carnes. Para la dorada y otros pescados que es lo que vamos es importante esto: cuando vayáis a la pescadería pedid que no os desescamen la pieza (MOLTO IMPORTANTE) y en algunos casos os dirán que si les sacan las tripillas y demás, si lo hacen por las agallas genial, pero nada de abrir el pescado, que sino la liamos (a mí como me da asco limpiar el pescado pues si lo hacen por mí eso que me ahorro). Aclarado esto vamos al mejunje de la cuestión. Para la sal, en esta ocasión he utilizado sal gorda de la que venden en Mercadona, creo que venden una sal especial para estos casos, pero vamos con la que probé yo genial. Con un kilo y algo más tuve bastante para una pieza pequeña. Haced el cálculo en función de las dimensiones del pescado, daros cuenta que hay que hacer una cama de sal y cubrir por completo la pieza.



Lo primero que hacemos es buscar una bandeja adecuada, yo utilicé la bandeja de mi horno, la típica que suelen venir, pero que no sé porqué se dobla con tanto calor... Una vez elegida la bandeja depositamos la sal, y para que podamos cubrir el pescado y hacer la cama en condiciones mojamos la sal sin pasarnos hasta hacer una especie de masa. Se prepara la cama sobre la que pondremos la dorada como se vé en las fotos, y a continuación la cubrimos con el resto de sal. De medidas de sal, cuánto hay que cubrirla etcétera, no os puedo decir nada porque lo hice a ojo, como siempre han hecho las abuelas y el resultado es IMPRESIONANTE.




Una vez cubierta la dorada con la sal, puse el horno a tope, vamos a 250ºC, y le puse el grill y que diera calor por debajo (supongo que por eso se dobló la bandeja jaja, se aprecia en al foto!!!).



En prácticamente 10-12 minutos esta listo (en mi horno, cada horno es un mundo, como tantas cosas en la vida...). Para que sepáis cuando está listo daros cuenta que la sal se quedará muy muy dura, y puede que hasta se resquebraje el armazón que hemos creado, pero calcular que en función de la temperatura y del horno, en torno a unos 12-15 minutos estará lista.



Ya véis que no se tarda nada en prepararlo y tal vez la tarea más laboriosa de esta receta es abrir el caparazón de sal (por si os da por arrancarlo en plan bestia), que debéis abrirlo con mucho cuidado el ir seccionando el pescado para que no se os cuele la sal.


Pues eá que ya sabéis no se tarda nada y merece la pena, un sabor espectacular, barato, y muy muy rápido.


viernes, 23 de abril de 2010

LUBINA AL ESTILO BENITO

Esta receta la aprendí no hace mucho tiempo y recibe el nombre de quienes me la enseñaron, en este pequeño homenaje.
El lunes de la semana pasada compré una lubina fresquíiiiiisima, es lo que tiene vivir en el litoral, el pescado llega tan fresco y coleando, que es un lujo nada desdeñable. No pude cocinarla hasta tres días después debido a problemas de tiempo y logística (me faltaba un recipiente para poderla preparar, así que tocó volver a ir de compras). Y aún así, estaba tan fresca que parecía que la había comprado el mismo día.
Cuando compremos la lubina le indicaremos al pescadero que nos la desescame, la abra por la mitad y nos la limpie, el que tenga maña para estas cosas ENHORABUENA, yo no tengo estómago para hacerlo PUAJ!!!
Prepararemos unas patatas fritas cortadas al estilo panadero, pero más finitas (ahora mismo no sé como se llaman pero bueno espero que os quedará claro). No hay que dejarlas demasiado crujientes ya que luego se meterán en el horno. Una vez fritas en el recipiente, yo tengo uno de cristal ovalado, pero sirven de barro, bandejas o donde queráis, las ponemos en el mismo a modo de una cama sobre la que pondremos la lubina abierta. Pelamos unos ajos y los freímos, con el mismo aceite y con los ajos lo echamos sobre la lubina. A continuación preparamos un zumo de limón que de la misma manera echaremos sobre la lubina. Y finalmente le añadiremos pimienta negra con un molinillo al gusto.
Para la cocción en el horno, ojo, yo lo puse a 250ºC con grill y que le diera calor por debajo también, y en unos 10 minutos estaba lista, echadle un ojo porque si se os consume todo el caldo os perderéis una de las cosas más ricas de este plato el caldito que queda.
Como habéis visto molto facile y más rápido de lo que os podáis imaginar. Como tampoco tuve tiempo, es lo que os decía con la otra entrada, no saqué foto, llegar a determinadas horas a casa con tanta hambre... pero la próxima receta que presenté irá con fotos, lo prometo!

VICHIQUEEEEEEEEEÉ???

Aunque ya llevo seis meses en casa sobreviendo y comiendo, y no precisamente de precocinados ni congelados, quería empezar este blog con una receta muy simple y rápida que puede servirnos para un entrante y hasta para preparar una quiche de puerros.

Dando uno de mis paseos haciendo la compra semanal encontré unos puerros bastante "hermosos" y se me encendió la bombilla, jolines con lo buena que está la crema de puerros y me llevé un paquete de tres con la intención de prepararlos. Aunque pasaron unos días, y hasta tal vez una semana, porque no tenía batidora, al final me decidí a comprarla antes de que se echaran a perder, si es que uno no se puede ir a vivir solo y no tener una batidora nos puede sacar de tantos apuros.

Bien para comenzar la receta cogemos los puerros y los lavamos, aunque ahora no recuerdo si lo hice, pero vamos he sobrevivido y de momento no tengo efectos secundarios. A continuación les cortamos la cabeza y los pies en plan Kill Bill pero sin ensañarse, y los troceamos, más o menos en rodajitas de unos tres dedos (nos quedamos con la parte blanca vamos). Cogemos una sartén que ponemos a fuego medio y a la que añadiremos un chorrito generoso de aceite de oliva, antes de que se os queme añadir los puerros y añadís un poco de mantequilla (yo eché una que compro de Central Lechera Asturiana que lleva aceite de oliva también y que está cojonuda). Reogamos bien los puerros hasta que estén doraditos, veréis que se empiezan a soltar las capas del puerro y hasta puede que se os peguen jeje cuidado y echarlo un vistazo. Mientras se reogan los puerros pelamos tres o cuatro patatas, que trocearemos y pondremos a cocer en una olla con agua. Una vez se hayan reogado los puerros los añadimos a la olla en la que hemos puesto las patatas, con el caldito y todo lo que hayan soltado los puerros. Ahora se trata de esperar que se cueza todo y para comprobar que está listo pincharemos tanto las patatas como los puerros con un cuchillo, si al pincharlo vemos que el cuchillo sale fácilmente es que está listo.
Retiraremos la olla del fuego y nos pondremos a batir la mezcla. Para ello cogemos el bote de la batidora e introduciremos las patatas y los puerros sin el caldo de coción. Antes de batirlo para evitar que nos quede demasiado seca la crema podemos añadir un par de cucharadas de dicho caldo, y según el gusto (vamos si os gusta más o menos espesa) añadiremos más o menos. Yo no soy de echar sal a las comidas, supongo que se lo debo a mi madre que nunca le echó sal a las comidas y la salud de mi familia lo agradeció enormemente. Así que habréis visto que en ningún momento lo cité, no porque se me olvidara echarla ni nada, es que no la eché porque no suelo hacerlo. Una vez batida la mezcla podéis echar sal al gusto, y creo que si seguís los pasos os quedará una crema muy ligera y muy sabrosa.
Desde aquí le doy las gracias a Shella, la cocinera de Onda Sempre que siempre me da sus pequeños consejos en muchas de los platos que voy preparando. Foto no tengo, porque con el hambre que llegué aquel día duró poco la cremita.

Cocinillas?

En este tercer intento en mi vida por crear y mantener un blog, tuve la feliz idea ayer noche (22 de abril en la víspera del día del libro, de San Jordi y demás) de ponerme en plan Karlos Arguiñano y crear este pequeño rincón en el que iros contando mis anécdotas y peripecias culinarias. Y es que independizarse a los 32 plantea grandes retos y utopias, y uno de ellos es:


voy al Burguer King todos los días y acabo con un bolso cargado de monedas como la del anuncio y me pongo en plan "barrilete cósmico" o voy a comer al Bar Pepe (en mi caso Adega do Pepiño) o te decides por abrir ese electrodoméstico, para algunos/as un total desconocido, que habita debajo de la vitrocerámica o de los fuegos para los más atrevidos (o cocina económica para los que están en los lares más recónditos), si si ese que alguno tenéis que tiene hasta pirólisis (que suena con todos mis respetos a enfermedad venérea).


¿Porqué este título?


Como muchos sabréis desde hace seis meses estoy fuera de lo que hasta el día que emprendí mi marcha era mi hogar, mi mundo y mi universo. Y es que un día la confluencia de los astros quiso que llegara el Big Bang y mi universo se fue al garete. Un día a finales de octubre cogí mi Polito, mis bartulos y muchos de los recuerdos que podía permitirme el lujo de llevarme y emprender el camino en esa autovía que conocía desde niño hasta el kilómetro 266 (Benavente-Zamora para ser exactos) y para el que se pierda la Carretera de la Coruña, y llegué hasta el final de ella, donde la tierra es comida por el mar, las lluvias arrecian casi a diario desde el otoño hasta la primavera, una tierra preciosa, verde, húmeda, que me recibió con tres días de sol que me acompañaron en mis primeros amaneceres, sollozos y paseos por sus calles, y que no he vuelto a ver hasta hace poco.


Supongo que hablar de exilio tiene tintes demasiado dramáticos y un carácter excesivo, así que aquellas personas que verdaderamente han tenido que exiliarse por distintas causas dejando atrás sus vidas, sus familias, sus hogares, entiendan que no me pretendo igualar a ellas, pero es como me siento, me fui a 600 kilómetros de todo lo que había conocido hasta ahora, dejé a mi familia atrás, mis amigos, mi ciudad, y todos los recuerdos que os podáis imaginar y mucho más, pero también dejé algo muy importante...


Para los que no lo sepan, siempre me gustó la cocina, y como mi abuela que en paz descanse decía siempre fui un huevero, y cuando entraba en la cocina siempre me echaba. Supongo que mi afición a la cocina se debe a la gran cantidad de horas mirando a mi madre y a mi abuela cocinar. Y aunque suene algo friki cuando andaba por la universidad y nunca lo confesara por las mañana veía a Karlos Arguiñano, ahora hasta lo extraño (ja ja), y esa afición y gusanillo siempre estuvo en mi (el gusanillo no tiene tintes sexuales, que con muchos de vosotros lo tengo que aclarar siempre todo ja ja).


Espero que os guste todo lo que os cuento y en cierto modo hasta pueda serviros de aprendizaje en este bonito mundo de las cocinas y fogones. Además, espero poder completar este rincón hablándoos de la rica gastronomía gallega, de sus vinos, mariscos, de tantas cosas que he descubierto y otras tantas que aún me quedan por descubir…


BIENVENIDO A UN COCINILLAS EN EL EXILIO.