Este fin de semana estuve con unos amigos Julio -uno de mis primeros amigos en Coruña-, José -amiguete de Julio- y el "cuñado" -apelativo con el que se quedó y cuñado de José- pescando por primera vez en mi vida y en plena costa. Toda una experiencia que vuelvo a repetir en unos días en el barco de un buen amigo -toma ahíiiiiiiiii.
Me llevaron cerca del Faro de Mera, un lugar impresionante... sin comentarios, desde el que se puede ver Coruña, la Torre de Hércules, Ferrol, el propio Faro de Mera, simplemente si alguna vez os escapáis a estos lares debéis de verlo. Incluso hay fortificaciones de la Guerra Civil en plena costa, y un acantilado, llamado el "Seixo Blanco" que es una veta de piedra blanca que cruza todo el acantilado y que no tiene palabras, tenéis que verlo.
Para los más escépticos e incrédulos pesqué 18 piezas, sí 18 lo estáis leyendo bien (y ni eran botas, zapatos ni otros enseres jeje), en mi primer día de pesca, lo llaman la suerte del principiante o del novato jeje, en el que aprendí todo lo básico: poner el cebo, aprender a lanzar la caña (o el plomo como dicen aquí, la caña siempre bien agarrada), a soltar las piezas del anzuelo, esto es importante porque devolví una de ellas al mar, en una segunda oportunidad que le brinda la vida a ese pequeñín -ya sabéis ¡Pequeñines no, gracias! Hay que dejarlos crecer- y que espero se convierta en un magnífico ejemplar que algún día pesque nuevamente, aunque eso es como encontrar una aguja en un pajar. Algo que suele pasar al pescar en un sitio así es que enganchas mucho el anzuelo o el plomo en las piedras y también tiene su historia que algún día os contaré si me acompañáis alguno. Entre las piezas que pesqué se encontraban peces con unos nombres muy pintorescos y poco acostumbrado a oírlos y verlos en la pescadería: doncellas, sargos, viejos, bicudas, fanecas y un merlón. En esta foto que os adjunto del tirón pesqué un sargo y lo que se ve asomar abajo una doncella.
Bien el sargo es la receta que os presento hoy. Es muy parecida a la lubina al estilo Benito, por no decir igual, cambiamos la lubina por el sargo, pescado riquísimo y esquisito.
Una vez se doren los ajos, con el aceite todavía hirviendo los echamos sobre el pescado, cubriéndolo entero con aceite y ajos.
A continuación le añadimos pimienta negra con la ayuda de un molinillo de pimienta -el que tengo yo va incluido en el propio bote de pimienta, los inventos del hombre blanco.
Como siempre os digo sobre el tema de temperaturas y tiempos hay que mirarlo, aplicad las matemáticas, a mayor temperatura menos tiempo y más posibilidad de que quede demasiado seco, así que irlo vigilando, yo lo puse a 240ºC 5 minutos y luego lo bajé para que se fueran haciendo bien las patatas, pero como necesitan más tiempo, tuve que sacar el sargo y dejar que se terminaran las patatas, no siempre sale todo perfecto, es la virtud de ser imperfecto.
No dió para más, ni para foto saboreándolo ni nada, solo puedo decir que el pescado que uno pesca tiene un sabor totalmente distinto al que se compra en la pescadería. Supongo que el efecto placebo tiene mucho que ver, pero también el recuerdo de una exitosa mañana de pesca, una nueva experiencia en mi vida, el compartir con tus amigos una mañana tormentosa, unas risas mientras no paras de sacar una y otra vez peces, anécdotas, y tantos recuerdos que han quedado en mi retina, y en una rica colección de fotos y esta sabrosa comida que me ofreció el mar en la mañana de ayer, 13 de junio de 2010.